

Por Manuel Rodríguez Aguilar.
La Société Générale de Transports Maritimes (S.G.T.M.), con sede en Marsella, fue fundada en 1865 con la finalidad de transportar mineral de hierro desde el puerto argelino de Bona hasta Marsella y Sete. Con posterioridad fue ampliando sus rutas a puertos italianos (Génova y Nápoles) y argelinos (Argel y Oran), y, aprovechando el filón de la emigración, decidió extender más tarde sus viajes hasta Sudamérica, con buques mixtos de pasaje y carga, siempre teniendo a Marsella como puerto base. Bien entrado el Siglo XX, y por entonces poseedora de una importante flota de buques, puso sus miras en las Islas Occidentales y en algunos puestos del Golfo de México. Durante los años de la Primera Guerra Mundial fue duramente castigada, perdiendo un considerable número de buques a manos de los submarinos y buques corsarios alemanes. Uno de ellos, el PROVENCE (el primero ), protagonizó en esos años un extraño suceso en aguas españolas.
En 1884 fue entregado a la naviera el nuevo buque mixto de pasaje y carga PROVENCE, de 3.941 TRB, construido por Forges & Chantiers de la Mediterranee en La Seyne. El paquebote francés era de proa recta, popa de espejo y disponía de una alta chimenea. Tenía una eslora de 117,98 metros y una manga de 12,89 metros, pudiendo transportar hasta 1.200 pasajeros, además de disponer de espacio para carga. La máquina de vapor accionaba una hélice que le proporcionaba una velocidad de 14 nudos y contaba con un aparejo formado por tres palos. El 20 de julio de 1884 realizó su viaje inaugural desde Marsella hacia puertos sudamericanos. En 1907, el PROVENCE fue transferido a la Compagnie de Navigation France-Amerique, una filial de la S.G.T.M., continuando con los viajes al continente americano.
El paquebote francés CHILI, de la Compagnie des Messageries Maritimes, otro de los buques que hacían la línea Marsella-Sudamérica. (Archivo Manuel Rodríguez Aguilar)
Los colores habituales de los cascos de los buques durante la Primera Guerra Mundial: blanco, negro o gris, no resultaban eficaces contra los submarinos, esa nueva y terrible arma de destrucción. Con el objetivo de disminuir o evitar sus ataques, la Royal Navy desarrolló varios esquemas de camuflaje que también fueron aplicados a los buques mercantes. Uno de esos sistemas se denominó Dazzle (deslumbrante), que estaba formado por figuras geométricas con colores brillantes que producían grandes contrastes. El resultado provocaba al observador una gran distorsión de la perspectiva. El PROVENCE fue uno de los mercantes que usaron este esquema de camuflaje.
Desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, el PROVENCE había ido sorteando felizmente los peligros propios de la mar y los impuestos por los submarinos de los países beligerantes, atravesando zonas de guerra y de bloqueo. Durante el año 1918 varios submarinos alemanes establecieron su lugar de caza en las costas catalanas, esperando el paso de los buques mercantes aliados. El 13 de mayo de 1918, procedente del puerto de Buenos Aires y con destino Marsella, el buque francés, que transportaba mercancías variadas y pasaje, recibió el impacto de un torpedo en el costado de babor cuando navegaba frente a la localidad gerundense de Palamós, a una distancia de aproximadamente una milla. El ataque fue alrededor de las 11 de la noche sin que resultara posible detectar desde el vapor francés a la nave atacante debido a la oscuridad que había en la zona y a la lluvia que caía en esos momentos, aunque milagrosamente no hubo que contabilizar víctimas. El ruido que produjo la explosión se oyó en todo el pueblo de Palamós, aterrorizando a los indefensos vecinos que no podían ni imaginarse lo que estaba ocurriendo.
A principios del siglo XX comenzaron las obras de mejora del puerto Palamós, situado en el extremo Norte de la bahía del mismo nombre. Esas obras, un proyecto del ingeniero Rafael Coderch, consistían en un dique de 700 metros de longitud en dirección Este a Oeste, que alcanzaría sondas de 23 metros, y en la ampliación del antiguo muelle de comerció, sensiblemente paralelo al dique, el cual iba a dividir en dos dársenas el magnífico fondeadero de Palamós, bien protegido de los vientos del norte.
Por el enorme boquete que se produjo en el casco a consecuencia del torpedo comenzó a entrar agua. Enseguida el capitán dispuso el abandono del buque y los botes salvavidas se prepararon para su arriado. Sin embargo, entre la arrancada que llevaba el buque, el trabajo positivo de las bombas de achique y la proximidad del puerto de Palamós, el capitán decidió meter el timón a babor hasta que la aguja marcase rumbo Norte, esperando que la suerte le acompañase. Una vez rebasado el muelle cayó a estribor con la intención de atracar por babor para evitar que el aumento de la escora ocasionara la pérdida del buque. El PROVENCE fue avanzando lentamente mientras la proa se iba hundiendo poco a poco y la escora a babor iba incrementándose.
Las pocas personas que se encontraban en esos momentos en el muelle vieron sorprendidos entrar a un buque que se hundía de proa y que con la capacidad de maniobra muy limitada estaba a punto de abordar a otro buque atracado. Desde el PROVENCE se hacía sonar insistentemente la sirena y también los reflectores recorrían el muelle y sus proximidades. Uno de sus tripulantes llegó a efectuar un disparo de fusil creyendo que eran atacados por los alemanes.
Con una increíble dosis de suerte llegó a su recorrido final. El buque francés terminó con la proa hundida, el agua pasando por encima de la cubierta y tan próximo que casi tocaba el muelle. La popa, alejada del muelle, flotaba gracias a los mamparos estancos que habían contenido la inundación en los compartimentos de popa. El PROVENCE, además, presentaba una ligera escora a babor. La tripulación y los pasajeros fueron inmediatamente atendidos por los sorprendidos vecinos de Palamós.
La noticia del torpedeamiento ocasionó un gran revuelo en el país vecino. El Gobierno francés se hizo eco del suceso y envió inmediatamente a dos torpederos, con los números 310 y 350, que reconocieron la zona en busca del misterioso submarino. Entretanto, en Palamós, habían empezado las tareas de descarga del trigo, lana y bocoyes de vino vacíos que transportaba. Varios buzos de la zona empezaron a trabajar en las labores de taponamiento del casco mientras la compañía aseguradora buscaba buzos franceses para sustituirles. Para participar en las tareas de reflotamiento se contrató al buque sueco BELOS, de 384 TRB, especializado en reparaciones y dotado de potentes bombas de achique, que costó una desorbitada cifra para la época; nada menos que 500.000 pesetas.
Los trabajos fueron muy laboriosos debido a que hubo que fabricar una gran pieza a medida de las curvas del casco y de los bordes del enorme boquete para taponarlo. La pieza, construida con tablones de madera y reforzada con otros tablones de madera perpendiculares, se hizo firme en el interior del casco mediante numerosos anclajes metálicos. Una vez conseguida la estanqueidad entraron en funcionamiento las potentes bombas del BELOS que se encargaron de achicar el agua mientras el PROVENCE iba ascendiendo. El reflotamiento se dio por concluido en el mes de agosto tras arduos y complicados trabajos.
Dos
detalles del efecto del torpedo y de la reparación provisional.
(Autoridad Portuaria de Barcelona) |
En el verano hicieron acto de presencia en Palamós tres personas, una bella mujer acompañada de dos hombres, todos de nacionalidad francesa, que se alojaron en el hotel Trías. La mujer fue poco a poco trabando amistad con el ayudante de Marina de Palamós, de nombre Regalado. Conforme avanzaba la confianza entre ambos un día le explicó que era agente alemana, a lo que él contestó que también había trabajado para intereses alemanes. Esas operaciones formaban parte de una treta para conseguir toda la información posible y su propia confesión. Un día fueron al hotel y ella, desplegando todos sus encantos, consiguió que hablara del ataque al PROVENCE, detallando que se encontraba a bordo del submarino alemán en el momento del torpedeamiento. Justo cuando confesaba entraron en la habitación los dos hombres, que junto con la mujer resultaron ser agentes franceses, inmovilizando al sorprendido espía. El ayudante de Marina de Palamós fue detenido en junio de 1918 acusado de ser un agente alemán y de haber participado en el ataque.
Reflotado
el PROVENCE, al poco tiempo viajó hasta Barcelona para reparar definitivamente
las averías ocasionadas por el impacto del torpedo. El 23 de septiembre
de 1918 subió al Dique Flotante y Deponente, propiedad de la Junta
del Puerto, y allí permaneció durante 82 días. Se le
retiró la estructura que sirvió como reparación provisional
instalada en el puerto de Palamós. Más tarde se reconstruyeron
algunas cuadernas y otras partes estructurales, y se le repusieron todas las
planchas del casco que faltaban, debidamente remachadas. El importe de la
reparación importó la suma de 82.447,78 pesetas. Su vida continuó
sin más sobresaltos haciendo la ruta a Sudamérica hasta el año
1927, en que fue retirado del servicio para pasar al desguace.